martes, 11 de enero de 2011

Magia y Cerebro (II)

Esta es la segunda parte de esta entrada.

Algunos de los principios fundamentales de los magos son:
Una acción es un movimiento con un propósito: muchas veces los magos deben realizar gestos inusuales para realizar sus trucos. Para evitar que la audiencia sospeche (los movimientos extraños llaman nuestra atención) los magos pueden esconder el truco en un movimiento mucho más usual y que nosotros no relacionamos con un truco de magia. Un ejemplo de ello puede ser el hecho de colocarse las gafas, que puede pasar desapercibido para la audiencia (es un movimiento normal que realiza la gente que lleva gafas) y que sin embargo puede esconder el secreto del truco (por ejemplo puede ayudar al mago a esconderse un objeto en la boca).
Otro principio importante es el de la aparente repetición. Muchas veces, aunque el truco parece que se repite una y otra vez, el mago suele realizar ese mismo truco empleando métodos distintos (este es un ejemplo clásico, del gran René Lavand). Además el mago puede también hacer ver que una sospecha determinada con respecto al truco no está fundada, de modo que el mago cierra la puerta a esa posible explicación, de modo que la única explicación válida sea la magia. Esta es la llamada Teoría de las falsas soluciones de Tamariz (este vídeo de Pepe Carrol es una muestra de ello). El uso de las repeticiones ayuda a incrementar la confusión del espectador a la hora de reconstruir el proceso, como hemos visto también con el vídeo de René Lavand.
Un último principio es el de no repetir dos veces el mismo truco. Un estudio mostró que cuando se exponía por dos veces consecutivas al mismo truco a la misma audiencia, había una probabilidad mayor de identificar el método que empleaba el mago para realizar el truco. De hecho, la mayoría de las demostraciones de ceguera inatencional sólo tienen efecto la primera vez. La mayoría de los observadores suelen ver al insecto del vídeo del apunte anterior la segunda vez que lo ven (sin que nadie les haya dicho que tenía que aparecer, claro).

Pero además los trucos de magia pueden servir para estudiar los procesos de atención e incluso la conciencia. Un ejemplo de ello es un trabajo de Johansson y cols. de 2005 donde se mostraban a cada voluntario dos fotografías en las que figuraba un rostro. Se tapaban las fotografías y el voluntario decía cuál de los dos le parecía más atractivo. Los experimentadores aprendieron a cambiar las fotografías de lugar haciendo un simple truco de magia. A continuación les mostraban la fotografía que supuestamente habían elegido (pero que ahora era la otra) y les pedían a los voluntarios que explicasen por qué habían elegido esa fotografía. Sorprendentemente, sólo el 26% de los sujetos captó el truco, pero más interesante aún, cuando los sujetos tenían que explicar por qué habían elegido esa fotografía inventaron razones para justificar su elección, que realmente era la opuesta a la que se les mostraba. Los autores llamaron a este fenómeno ceguera a la elección.

Y esto se acabó. Os dejo un vídeo en el que vemos cambios de traje por doquier en la versión americana del Factor X. Disfrutadlo..

Artículo escrito por Brainy y publicado en El Cerebro de Darwin , reproducido aquí con el permiso del autor.

Un buen motivo para estudiar física con ganas y cariño
¡Peligro en la discoteca!