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viernes, 2 de marzo de 2012

Ratas en busca de la luz...al ritmo de la música

Acabo de encontrar un video que me ha encantado, a ver qué os parece…



Lo subieron hace no mucho al blog “El Cerebro de Darwin” en esta entrada. Allí comentan brevemente también lo que hace la rata, y hay además otro vídeo relacionado con el tema. Muy interesante. Espero que os guste.

¿Por qué el agua caliente se congela antes que la fría?
La agorafobia no es “miedo a los espacios abiertos”

lunes, 12 de septiembre de 2011

El mito del 10 % según Carlos J. Álvarez



El profesor de psicología de la Universidad de la Laguna Carlos J. Álvarez habla en este vídeo sobre el mito del 10 %. Consiste en creer que solamente usamos el 10% de nuestro cerebro, algo que parece a todas luces rotundamente falso.

Ilusionismo y psicología: artículo en Quo
Cuida tu piel, protégete bien frente al sol

viernes, 15 de enero de 2010

Magia y cerebro o cómo Tamariz engaña a nuestras neuronas

Entrada ya publicada en El Cerebro de Darwin y en Psicoteca. Recientemente los chicos de Psicoteca publicaron un par de artículos relativos a la magia y el estudio del cerebro y justo por esas fechas apareció un artículo en Nature Neuroscience Reviews muy interesante firmado, entre otros por James Randi y Susana Martínez-Conde (podéis descargar el artículo aquí). El artículo propone que las neurociencias se pueden beneficiar del estudio de cómo los magos realizan sus trucos y de cómo éstos son percibidos por el público. A partir de aquí ruego a aquellos que no quieran que les desvele algunos trucos que se abstengan de seguir leyendo el apunte. A los que continúen con la lectura les recomiendo que a medida que vayan encontrando los enlaces en el texto vayan accediendo a ellos.

Entremos en materia. Entre las diversas artimañas que usan los magos para engañarnos se encuentran las ilusiones ópticas y otras ilusiones sensoriales, que son fenómenos en los que la percepción subjetiva de un hecho no concuerda con la realidad física de tal hecho. Un ejemplo de ello es el truco de las cucharas que se doblan, que puede realizarse de varias formas, pero una de ellas no requiere siquiera el doblar la cuchara pues basta con agitarla arriba y abajo entre los dedos. Seguramente todos hemos hecho eso mismo con un lápiz (en este vídeo lo explican detalladamente, en inglés). El que percibamos esa ilusión visual se debe a que en este movimiento participan dos tipos de neuronas diferentes, unas que se encargan de percibir los extremos de los objetos en movimiento y otras que perciben las partes medias. Cuando se agita la cuchara estas neuronas responden de forma diferente (no sincronizadas) y eso es lo que hace que nos parezca que se dobla la cuchara.

Pero son más interesantes los casos en los que los magos desvían nuestra atención para poder realizar el truco de forma adecuada. En estos trucos lo que se dan son ilusiones cognitivas, ya que no se manipula la percepción sensorial y sí la percepción cognitiva del público. Y esto puede hacerse de dos formas:
La primera es mediante la ceguera al cambio, en la cual el espectador no es capaz de percibir que hay algo diferente de lo que había antes. El cambio puede ser esperado o no y puede ser repentino o gradual e independiente de que haya interrupciones. Un ejemplo muy claro de esto es este vídeo creado por Richard Wiseman y que también recomendaban en el apunte de Psicoteca.
La segunda es mediante la “ceguera inatencional” en el que los espectadores no perciben que hay un objeto inesperado en la escena. Este fenómeno no requiere un componente mnemónico (pues no hay que comparar con la situación previa, como en el caso de la ceguera al cambio), por eso es una manipulación de la atención. El ejemplo clásico de ceguera inatencional es este vídeo.

Una duda que surge acerca de cómo los magos consiguen colarnos sus trucos es si se debe a que distraen nuestra mirada del momento en el que realizan el truco o en realidad lo que manipulan es nuestra atención. Kuhn y Tatler realizaron un experimento controlando los movimientos de los ojos de espectadores ante un simple truco que consistía en hacer desaparecer un cigarrillo (el mago lo tiraba debajo de la mesa, lo podéis ver en este vídeo) y lo que se vieron fue que el espectador estaba mirando en todo momento al cigarrillo pero aun así no veía el truco. Las conclusiones del estudio fueron que lo que en realidad hacía el mago era manipular la atención del espectador más que su mirada, usando los mismos principios que se emplean para producir la ceguera inatencional. Algo similar ocurre con los trucos en los que el mago hace desaparecer una pelota lanzándola hacia arriba varias veces seguidas (en una de ellas la pelota parece desvanecerse cuando, en realidad nunca ha llegado a salir de su mano). Durante este truco la cabeza y los ojos del mago siguen la trayectoria de la pelota imaginaria siendo lanzada hacia arriba (podéis ver un par de vídeos en este enlace). Kuhn y Land vieron que el uso de esas claves sociales por parte de los magos era fundamental para hacer que los espectadores cayeran en la ilusión (la bola desapareciendo a medio vuelo). Sin embargo, la mirada del espectador no se dirige hacia donde debería estar la pelota, lo que sugiere que el sistema oculomotor no se ve engañado por la ilusión, sino que el efecto ilusorio es producido por la redirección del centro de atención a la posición donde debería estar la pelota.

Los magos emplean varias técnicas para dirigir nuestra atención fuera del punto esencial donde se desarrollará el truco. Una de esas técnicas consiste en emplear objetos nuevos, inusuales o que contrasten mucho con el resto de objetos del escenario. Habitualmente esos son estímulos que llaman nuestra atención de forma muy acusada. Esas propiedades inducen lo que se llama control “hacia arriba” de la atención, producidas por una alta activación de alguna vía sensorial (por ej. la visión) sobre los sistemas atencionales. Un ejemplo clásico de esto es la típica paloma saliendo del sombrero. Todos miramos volar a la paloma o cómo el mago se la pasa a alguna asistente (siempre es alguna), momento que suele aprovechar para poner a punto su próximo truco (este es un vídeo excepcional con palomas). Otro tipo de control hacia arriba es el que se resume en la frase: un movimiento grande oculta otro más pequeño. A menudo los movimientos grandes o rápidos captan mejor nuestra atención que los pequeños y más lentos si tienen lugar de forma simultánea. Del mismo modo, si varias acciones tienen lugar casi de forma simultánea la que comienza primero generalmente llama más nuestra atención. (en el caso de la pelota que desaparece, la mirada del mago juega ese papel para encubrir el hecho de que no llega a lanzar la pelota). Pero la redirección de la atención puede no sólo darse en el espacio (qué mira la gente), sino también en el tiempo (cuándo mira la gente). En muchos trucos de magia el truco ya ha tenido lugar cuando la gente piensa que aún no ha comenzado o cuando piensan que éste ya ha finalizado. Muchos magos usan la comedia y las risas precisamente como un medio para reducir la atención focalizada sobre un punto determinado Piénsese, por ejemplo, en las bromitas continuas de Tamariz. Os dejo con un par de vídeos (I y II) de este genio y mañana seguimos.

Artículo escrito por Brainy y publicado en El Cerebro de Darwin y reproducido aquí con el permiso del autor.

Fuente de la imagen Wikipedia.

¿Qué es la teoría de la relatividad?
Ilusionismo y psicología, ¿Cómo se relacionan?

lunes, 8 de junio de 2009

Efecto Stroop

Artículo ya publicado en Psicoteca y Cerebro de Darwin.

¿Qué es el Efecto Stroop? Para conocer qué es, nada mejor que probarlo por uno mismo. Para ello podemos usar este Cd didáctico de psicología recreativa, que montaron los chicos del laboratorio de psicología de aprendizaje la Universidad de Deusto en 2006. Dentro del mismo encontramos varios experimentos que podemos hacer por nosotros mismos, y que muestran diferentes curiosidades relacionadas con la psicología. El que nos interesa en esta ocasión es el primero de todos, el titulado “¿Conoces los colores?”. Lo dicho probad por vosotros mismos el efecto antes de seguir leyendo. ¿Ya está? Os espero si eso…¿ya? Jejeje. Seguimos entonces…
Lo que has experimentado se debe a un conocido efecto, clásico en psicología, descubierto por John Ridley Stroop allá por el año 1935.
Al hacer el experimento hace un momento la primera vez, has nombrado los colores en que las palabras estaban escritas y estos coincidían con el color que la palabra “decía”. Pero en la segunda ocasión, el color con que estaba escrita la palabra (y que era lo que había que nombrar), no coincidía con lo que en la palabra estaba escrito. El Efecto Stroop consiste básicamente en un aumento en el tiempo con el que se tardan en nombrar los colores de las palabras, debido a una interferencia provocada por el acto automatizado de la lectura con el hecho de pronunciar el color. En el propio CD y en el enlace de Wikipedia, se puede encontrar también explicado dicho efecto de forma clara y sencilla.
Haz la prueba si quieres nombrando los siguientes colores, recuerda que has de nombrar siempre el color en el que están escritos…

Amarillo anaranjado azul gris morado negro rojo rosado verde

¿Qué tal ha ido? Ahora prueba con estos…

Amarillo anaranjado azul gris morado negro rojo rosado verde

Supongo que la segunda vez habrá sido un poco más difícil, ¿no? Verás lo que ocurre si los nombres son en japonés, aunque sin las letras propias del idioma…

kiiro orenlli aoi guree murasaki kuroi akai pinku midori

Ahora en japonés pero con colores cambiados, ¿costará más?

kiiro orenlli aoi guree murasaki kuroi akai pinku midori



Se ha sugerido que el efecto Stroop se debe a que hay ciertas redes neuronales que se solapan y que participan de forma paralela en el proceso de nombrar el color y en el de leer la palabra. Las vías de la lectura estarían más reforzadas en el cerebro debido a la experiencia previa y facilitarían el procesamiento de las vías que se encargan de nombrar el color cuando los estímulos de color y palabra son congruentes (es decir, cuando coinciden la palabra y el color en el que está representada). Pero si los estímulos son incongruentes, entonces las vías de la lectura interferirían con las encargadas de nombrar el color. Pero obviamente sólo habrá interferencia si entendemos el idioma en el que están escritas las palabras. Es por eso que seguramente te ha resultado más fácil decir los nombres de los colores cuando las palabras estaban en japonés (si es que no entiendes japonés, claro) incluso aunque palabra y color no coincidieran.
Las mejores evidencias de que existe una base anatómica para el efecto Stroop proceden de trabajos con PET (tomografía por emisión de positrones) y fMRI (resonancia magnética funcional) en estudios de individuos sanos. Las áreas que parecen más involucradas en el control atencional durante la realización de esta tarea son la corteza cingulada anterior (ACC) y la corteza prefrontal dorsolateral (DLPFC). De hecho, la primera se ha relacionado en muy diversos trabajos con la detección de errores o la selección de respuestas, mientras que la segunda se ha relacionado con diversos aspectos de la inhibición del comportamiento. Pero además hay otras áreas del cerebro involucradas en esta tarea como son las cortezas parietal y prefrontal inferior o las áreas de asociación visuales.
Además se ha estudiado cómo afecta la experiencia a la realización de esta prueba. Como sería de esperar, la experiencia hace que se cometan menos errores y se responda más rápidamente al realizar la tarea y esta mejora se ha correlacionado con cambios en la actividad de algunas áreas del cerebro que son, precisamente la ACC (cuya actividad disminuye a medida que se va haciendo mejor la tarea) y la DLPFC (cuya actividad incrementa). En un trabajo (1) se describió también una disminución en la actividad de la vía visual ventral que, dicen los autores, podría estar relacionado con la inhibición de la lectura de la palabra cuando esta acción es irrelevante (es decir, cuando palabra y color no coinciden).

Pero el efecto Stroop no sólo se ha empleado con palabras y colores, sino que hay otras modalidades. Una de ellas es el efecto Stroop auditivo que es muy parecido al descrito, pero se realiza con imágenes y sonidos que habitualmente están relacionados entre sí. Y otro, bastante interesante también, es la interferencia Stroop emocional, que se emplea a veces como herramienta para estudiar la depresión. En esta tarea se presentan palabras afectivas o emocionales en varios colores y los sujetos tienen que nombrar el color de las palabras. El efecto de interferencia surge cuando se presta atención a expresiones emocionales que hacen emerger memorias personales de pérdida o decepción. Esta interferencia es especialmente acusada en los pacientes con depresión, ya que se ha mostrado que éstos muestran un sesgo en su memoria que tiende hacia las memorias de pérdida o decepción. De este modo, los pacientes con depresión suelen tardar más en identificar el color de palabras con una carga emocional negativa (llorar, desafortunado, débil) que cuando las palabras son neutras (comer, caminar, perro) o positivas (felicidad, abrazo). En este caso también se ha mostrado que la ACC está implicada en esta tarea (2). Este efecto también se ha aplicado para estudiar a pacientes esquizofrénicos, con Alzheimer o con dolor crónico y, como curiosidad, también se ha empleado bastante para estudiar a personas bilingües.

(1) Harrison, B.J. (2005), Functional connectivity during Stroop task performance, NeuroImage 24: 181-91.
(2) Mitterschiffthaler, M.T., (2008), Neural basis of the emotional Stroop interference effect in major depression, Psychol. Medicine 38: 247-256.

Artículo escrito por Brainy y Héctor, y revisado por Sophie.

¿Qué es la teoría de la relatividad?
Ilusionismo y psicología, ¿Cómo se relacionan?

viernes, 16 de enero de 2009

Efecto McGurk

Apunte ya publicado en Psicoteca y en El Cerebro de Darwin. Artículo escrito por Brainy, y por Héctor.

¿Qué es eso del efecto McGurk? Es resultado de una interacción de diferentes modalidades sensoriales. Como ya hemos comentado alguna vez, nuestro cerebro crea nuestra percepción a partir de la información que llega a nuestros sentidos. El cerebro es muy bueno en dicha labor, pero a veces se equivoca y lo que percibimos no se corresponde con la realidad. Este es el caso del efecto McGurk, pero además este efecto añade algo muy interesante, como es la interacción entre diferentes modalidades sensoriales. ¿Pensabas que lo que ves no puede influir en lo que oyes? Pues no es así, lo que vemos puede modificar la percepción auditiva de lo que estamos oyendo. En esto consiste el Efecto McGurk. Podemos verlo y experimentarlo por nosotros mismos con este vídeo:



Como habrás comprobado por ti mismo, lo que ves (cómo la persona pronuncia una sílaba) influye sobre lo que oyes (en realidad tú entiendes da, cuando lo que tú realmente estás escuchando es ba).
Desde hace unos 50 años ya se comenzaron a hacer estudios sobre cómo influye lo que vemos sobre lo que oímos y una de las primeras cosas que se vieron fue que tener la posibilidad de ver a la persona que está hablando con nosotros mejora el volumen de lo que oímos en hasta 15dB, y esto no ocurre sólo con volúmenes bajos sino que ocurre también cuando las condiciones acústicas no son adversas (recuerda, cuando alguien te grite no le mires y te parecerá que está gritando más bajo).
Después llegó la ilusión auditiva de McGurk en el año 1976, que en realidad estaba estudiando los patrones de imitación de los niños cuando aprendían a hablar y para ello les puso vídeos de personas pronunciando determinadas sílabas, pero el sonido no se correspondía con lo que ellos oían. Cuando llegaron a la combinación ga-ba (como en el vídeo) los niños oían la sílaba da. McGurk echó la bronca al tipo que había preparado los vídeos porque creía que los había montado mal, pero rápidamente se mostró que todo estaba perfectamente y que lo que ocurría era que habían descubierto una forma de producir una ilusión auditiva. De hecho, este efecto también puede conseguirse con otras combinaciones como con la combinación ka (visual) + pa (auditiva), que da lugar a la percepción de ta. Y además McGurk observó que este efecto no sólo se daba en niños sino también en adultos e incluso en niños que todavía no han adquirido el lenguaje (se da incluso en niños de 6 meses de edad).
A partir de entonces este efecto se ha estudiado pormenorizadamente y se han encontrado cosas muy interesantes al respecto. En experimentos de neuroimagen se ha visto que hay una región del cerebro, el surco temporal superior izquierdo, que parece que muestra una diferente activación cuando recibe estímulos congruentes (cuando el estímulo visual y el acústico coinciden) con respecto a cuando estos son incongruentes. Esta región es lo que se conoce como un área de asociación. Las áreas de asociación son regiones del cerebro donde confluyen axones de neuronas que transmiten información de diferente modalidad sensorial y es aquí donde se procesan de forma conjunta y lo que puede dar lugar a ilusiones o errores, como ocurría también en el efecto Stroop que comentábamos recientemente.
Por otro lado, esta es una prueba de que el sistema visual y el auditivo han evolucionado de forma conjunta para permitir, entre otras cosas, un mejor procesamiento del habla. El sistema visual podría ayudar a discriminar sonidos que son difíciles de diferenciar (las personas sordas llevan al extremo esta ventaja cuando leen los labios) y también podría servir como una forma de redundancia, de modo que el estímulo visual incrementaría la confianza sobre el mensaje percibido a través del sistema auditivo (si dos sistemas independientes apuntan a la misma solución entonces podemos confiar más en ella que si sólo uno de ellos la valida). Además, el efecto McGurk no es algo automático sino que requiere de nuestra atención para que se dé, de modo que cuando se incorporan estímulos distractores visuales o auditivos se ve atenuado, lo que además prueba que el efecto no se debe a un mal procesamiento de la vista o el oído sino de la integración de esas dos modalidades sensoriales. Otra prueba de esta ayuda del sistema visual sobre el auditivo es que cuando una persona ve a otra que está hablando pero a la que no puede oír, en su cerebro no sólo se activa la corteza visual (la que responde a lo que sus ojos están viendo) sino que se activa también la corteza auditiva (aun cuando no está escuchando nada).

Por último, dos curiosidades al respecto de la integración visual-auditiva: por un lado, la sinestesia, que consiste en que un estímulo de una determinada modalidad puede evocar otras modalidades sensoriales, de modo que se pueden oler colores o ver los sonidos, que es lo que se cree que le ocurría al pintor ruso Kandinsky, que decía que la música evocaba en él colores y formas. Y, por otro lado, hay personas que perciben un sonido, como un breve clinck cuando mueven sus ojos hacia una determinada posición. En este último caso no se trata de un “error” en la integración de estímulos sino más bien de alguna conexión anómala entre los nervios oculomotores y el sistema auditivo.

Referencia
Campbell, R., (2008), The processing of audio-visual speech: empirical and neural bases, Phil.Trnas.R.Soc.B. 363: 1001-10.

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