domingo 30 de enero de 2011

Tu culo flota sobre la silla.


El que dijo que la realidad supera a la ficción se quedó corto.

La realidad es tan extraña y sorprendente que casi no te la puedes creer, la realidad es inverosímil (literalmente, la realidad no parece verdadera... te partes).

Sin ir más lejos, y disculpadme, vuestros culos están flotando sobre los asientos debido a la repulsión de las nubes electrónicas (misma carga, luego se repelen) de los átomos que forman unos y otros, porque, queridos amigos, las cosas no se "tocan".

Lo que nuestro sentido común entiende como "contacto" implica dos objetos "sólidos y contínuos" y sabemos que desde un pedrusco hasta tu mismo, sois un enjambre de partículas en movimiento.

Ya bromeábamos sobre esto en El mundo de Max. La ciencia para todos (aunque es en un capítulo posterior, os dejo las primeras páginas del libro por si queréis echarle un ojo.

Vaya, que si queréis buscar problemas podéis poner vuestra mano donde no debáis y alegar esto... aunque igual "tampoco os tocan" con un merecido bofetón, como le pasó al bueno de Max.

Fuente de la imagen: wikipedia
Entrada publicada anteriormente en La Ciencia para todos

Estoy harto del mango de mi sartén…
¿Por qué el agua gira siempre en el mismo sentido?

martes 25 de enero de 2011

Aracnofobia

Se cuenta entre los sabios que en la Tierra Oriental (東つ国) vivió una emperatriz llamada Ariko durante los Días Antiguos. Después de las nupcias con un joven noble de su hogar natal en el Imperio de Polyergia (悍蟻帝國), decidió que había llegado la hora de tener su propio reino y dirigió su mirada conquistadora al cercano Reino de Minamir (南王国)La Tierra Oriental durante los Días Antiguos

Tras penetrar de incógnito en el país y dirigirse a la capital, asesinó a su reina, se disfrazó con sus ropas y se proclamó como nueva soberana. Al principio, los súbditos de Minamir no querían reconocer a la intrusa como reina y trataron de derrocarla. Organizaron algunas escaramuzas que acabaron en fracaso y al final, el carisma y las dotes para el liderazgo de Ariko se vieron recompensadas con la eterna lealtad de sus habitantes que, en señal de gratitud, contribuyeron a formar un poderoso ejército de samuráis. La ambición de Ariko no conocía límites y no satisfecha con esta conquista, envió primero a exploradores y luego a su recién armado ejército a que hiciera incursiones en los reinos colindantes de Higashiel (東王国), Nishind (西王国) y Kitania (北王国) para asegurarse una fuente continua de esclavos y así contribuir a la expansión de sus nuevos dominios.

Esta historia, que bien desarrollada casi podría servir de argumento para alguna historia épico-fantástica al estilo Juego de Tronos, viene a ser, a grandes rasgos, el comportamiento de la hormiga samurái (Polyergus samurai), una de las cinco especies de hormigas esclavistas del género Polyergus, también denominadas hormigas amazonas.

Reina de Polyergus samuraiReina de Polyergus samurai. Detalle de la cabeza mostrando sus mandíbulas curvadas.

Todas las especies del género Polyergus son párasitos sociales obligados en los que el mantenimiento de sus colonias ―cuidado de la progenie y búsqueda de comida― depende enteramente de las obreras del género Formica con el que está emparentado. P. breviceps y P. lucidus se encuentran en Norteamérica, P. rufescens está distribuida por Norteamérica y Europa, P. nigerrimus se encuentra en Siberia Occidental y P. samurai se distribuye por Japón, el Este asiático y Siberia Oriental.

Las hembras son guerreras

M. Yano, el entomólogo japonés que en 1911 describió esta especie tendría sus razones para ponerle el nombre genérico de samurai a una hormiga cuya casta obrera son hembras —decir casta guerrera sería más exacto en este caso— que se dedican a hacer incursiones en hormigueros de la especie Formica japonica o F. hayashi para robarles la progenie. Exceptuando a Tomoe Gozen y algunos otros casos más, la historia japonesa no se caracteriza precisamente por la existencia de mujeres samuráionna-bugeisha (mujer guerrera o amazona, si se prefiere el término clásico) es el término que se suele utilizar en estos casos—, aunque sí hubo mujeres ninja, conocidas como kunoichi.

Las obreras miden entre 4 y 6 milímetros, mientras que la reina puede llegar a los 7 milímetros. Su cuerpo es de color marrón oscuro tirando a negro y posee unas mandíbulas largas y curvadas como dagas que únicamente les sirven para atacar.

Tras el vuelo nupcial, la reina de P. samurai penetra en una colonia de F. japonica o F. hayashi, mata a su reina con las mandíbulas y usurpa su puesto. Al detectar la invasión, algunas obreras hospedantes huyen del nido llevando las larvas y pupas con sus mandíbulas para ponerlas a salvo y otras atacan a la reina invasora; ésta, para defenderse, curva su gáster (parte del abdomen que queda detrás de la cintura) hacia las hormigas atacantes esparciendo un líquido incoloro y volátil hacia ellas. Tras este ataque, las obreras quedan paralizadas y luego mueren. Las obreras que huyeron del nido con la progenie regresan y el hormiguero poco a poco va recuperando la calma.

Para asegurarse el reconocimiento de la colonia parasitada, la reina de P. samurai obtiene ciertos hidratos de carbono de la cutícula de la reina hospedante asesinada y, en ocasiones, también descansa sobre los restos de las obreras muertas. Otro mecanismo que se postula es que la larga exposición a la reina parásita puede modificar el patrón de reconocimiento de las hormigas obreras hospedantes. Se ha observado que la reinas de P. samurai no atacan a las de F. japonica en ausencia las obreras hospedantes, lo que sugiere que puede ser necesario un contacto con éstas para que la reina parásita muestre un comportamiento de ataque.

Polyergus samurai (arriba) y Formica japonica (abajo)Polyergus samurai (arriba) y Formica japonica (abajo).

A diferencia de la ferocidad con que ataca a la reina hospedante, la reina de P. samurai no ataca a las obreras con sus mandíbulas, un comportamiento que contrasta con el resto de las especies de Polyergus en las que las reinas mantienen feroces combates con las obreras hospedantes. Quizás esto forme parte del particular bushi-dō (código del guerrero) de P. samurai: una agresión que no va acompañada de lucha física reduce el daño a la colonia y minimiza el número de bajas entre las obreras hospedantes. Otro comportamiento de P. samurai, también observado en P. breviceps y P. rufescens, es que las reinas flexionan su gáster continuamente tras atacar y matar a la reina hospedante. Esto puede explicarse en términos de una secreción de alomonas o feromonas de propaganda a través de la glándula de Dufour que reduce la agresión por parte de las obreras al tener efectos repelentes o crear confusión entre ellas.

Cuando la colonia se convierte en una mezcla de obreras de Polyergus y obreras de Formica y éstas empiezan a morir progresivamente, las primeras hacen incursiones en hormigueros vecinos para seguir suministrando mano de obra esclava para el cuidado de la reina, los huevos y las larvas y la obtención de comida. Estas batidas tienen lugar después del mediodía durante los días soleados del verano, desde principios de junio hasta principios de septiembre y pueden llegar a 50 durante la temporada. En primer lugar, una hormiga exploradora inspecciona el terreno en busca de colonias de F. japonica o F. hayashi. Luego regresa a su hormiguero, comunica a sus compañeras la disponibilidad de stock de coque y pronto se organiza una expedición de varios cientos de obreras al hormiguero objetivo. Es posible que la hormiga exploradora deje un rastro químico, aunque también puede que emplee la luz polarizada como medio para guiar la incursión. Sólo una pequeña parte de las obreras de P. samurai tienen la función de exploradoras y por comparación con estudios realizados en P. lucidus, probablemente sean los individuos más viejos de la colonia.

Dulosis

En el mundo de las hormigas, el comportamiento esclavista, parasitismo social basado en la captura de la progenie de otras especies de hormigas para emplearlas como mano de obra en el mantenimiento de la colonia, recibe el nombre de dulosis. De las aproximadamente 12.000 especies de hormigas que se conocen, tan sólo 50 son esclavistas. Este comportamiento ha evolucionado de forma independiente más de una decena de veces y se concentra fundamentalmente en dos subfamilias: los mirmicinos y los formicinos.

El origen del comportamiento esclavista ha sido motivo de controversia durante más de un siglo y medio. En el capítulo VIII de El origen de las especies, Charles Darwin propuso que los ancestros de las hormigas esclavistas depredaban la progenie de colonias vecinas de otras especies. Algunas de las ninfas que se transportaron al hormiguero pudieron sobrevivir y eclosionaron como obreras adultas. Este esclavismo accidental pudo haber evolucionado a uno permanente debido a la ventaja selectiva que supone el trabajo de estas presas olvidadas.

No pretenderé conjeturar por qué grados se originó el instinto [esclavista] de Formica sanguinea. Pero, como las hormigas que no son esclavistas, se llevan las ninfas de otras especies si están esparcidas cerca de sus hormigueros, como lo he visto yo; es posible que estas ninfas, primitivamente almacenadas como comida, pudieron llegar a desarrollarse, y estas hormigas extrañas, criadas así involuntariamente, seguirían entonces sus propios instintos y harían el trabajo que pudiesen. Si su presencia resultó útil a la especie que las habla cogido —si era más ventajoso para esta especie capturar obreros que procrearlos—, la costumbre de recolectar ninfas, primitivamente para alimento, pudo por selección natural ser reforzada y hecha permanentemente para el muy diferente fin de criar esclavas. Una vez adquirido el instinto —aun cuando alcanzase un desarrollo menor que en nuestra F. sanguínea inglesa, que, como hemos visto, es menos ayudada por sus esclavas que la misma especie en Suiza—, la selección natural pudo aumentar y modificar el instinto —suponiendo siempre que todas las modificaciones fuesen útiles para la especie—, hasta que se formó una especie de hormiga, que depende tan abyectamente de sus esclavas, como Formica rufescens.

Aunque en la actualidad hay pocas pruebas para esta hipótesis.

Referencias

A new slave-making ant from Japan. M. Yano. 1911. Psyche 18, pp. 110-112.

Raiding behavior of the Japanese slave-making ant Polyergus samurai. Eisuke Hasegawa y Takeshi Yamaguchi. 1994. Insect. Soc. 41, pp. 279-289.

Scouting Behavior of the Japanese Slave-Making Ant, Polyergus samurai (Hymenoptera : Formicidae). Kotaro Tanaka y Jun-Ichi Kojima. 2001. Entomol. Sci. 4(3), pp. 307-313.

Host colony usurpation by the queen of the Japanese pirate ant, Polyergus samurai (hymenoptera: formicidae). Yousuke Tsuneoka 2007. J. Ethol.26(2), pp. 243-247.

Sociobiology of slave-making ants. Patrizia D'Ettorre y Jürgen Heinze. 2001. Acta Ethol. 3(2), pp. 67-82.

martes 18 de enero de 2011

Magufo a la brasa

Supongo que os sonará el hecho de que hay gente que camina sobre brasas. Cada vez más se usan este tipo de experiencias además como reclamo en seminarios de motivación personal.


Aunque por lo que he podido ver en muchas ocasiones no se vende dicha experiencia como algo místico y sobrenatural, sino como algo simbólico, que representa el logro de las metas (o algo así). Sin embargo sí hay quien cree que con su “poder mental” puede conseguir caminar sobre brasas sin quemarse. Sí, y por lo visto esta gente argumenta cosas como que cambia la estructura de su cuerpo o que una capa de energía los protege.

Y es cierto que son capaces de pasar por encima de brasas sin quemarse, pero la distancia que caminan es muy corta. Por lo tanto, la ciencia da una explicación alternativa al hecho de que consigan pasar sobre brasas sin quemarse, y es que en tan poca distancia no están los pies en contacto con las brasas lo suficiente. La baja conductividad térmica del carbón, la capacidad del pie para almacenar calor por unidad de superficie mayor que la de la brasa, lo curtida que esté la piel o su humedad, o el hecho de que al caminar le quitemos oxígeno a la brasa eliminando así su incandescencia, hacen que si el tiempo de contacto es corto el pie no llegue a quemarse.

Sin embargo los que se denominan a sí mismos como “profesionales de esto”, por llamarlo de algún modo, dicen que no depende de la longitud de las brasas y que protegidos con su poder mental, pueden andar la distancia que haga falta.

El psicólogo Richard Wiseman puso a prueba dichas afirmaciones con un sencillo experimento que consistía en alargar las brasas e invitar a profesionales para que pusieran a prueba sus supuestas habilidades. Lo mejor es que el resultado lo podemos ver en vídeo, está en inglés, pero se entiende bastante bien aunque uno no sepa nada de inglés (así que no lo dejéis de ver por eso). Lo más interesante viene al final del vídeo, que es la prueba propiamente dicha.

Fuente imagen
Encontré el vídeo aquí

Humor científico: especial medicina
Búfalos, leones y cocodrilos

martes 11 de enero de 2011

Magia y Cerebro (II)

Esta es la segunda parte de esta entrada.

Algunos de los principios fundamentales de los magos son:
Una acción es un movimiento con un propósito: muchas veces los magos deben realizar gestos inusuales para realizar sus trucos. Para evitar que la audiencia sospeche (los movimientos extraños llaman nuestra atención) los magos pueden esconder el truco en un movimiento mucho más usual y que nosotros no relacionamos con un truco de magia. Un ejemplo de ello puede ser el hecho de colocarse las gafas, que puede pasar desapercibido para la audiencia (es un movimiento normal que realiza la gente que lleva gafas) y que sin embargo puede esconder el secreto del truco (por ejemplo puede ayudar al mago a esconderse un objeto en la boca).
Otro principio importante es el de la aparente repetición. Muchas veces, aunque el truco parece que se repite una y otra vez, el mago suele realizar ese mismo truco empleando métodos distintos (este es un ejemplo clásico, del gran René Lavand). Además el mago puede también hacer ver que una sospecha determinada con respecto al truco no está fundada, de modo que el mago cierra la puerta a esa posible explicación, de modo que la única explicación válida sea la magia. Esta es la llamada Teoría de las falsas soluciones de Tamariz (este vídeo de Pepe Carrol es una muestra de ello). El uso de las repeticiones ayuda a incrementar la confusión del espectador a la hora de reconstruir el proceso, como hemos visto también con el vídeo de René Lavand.
Un último principio es el de no repetir dos veces el mismo truco. Un estudio mostró que cuando se exponía por dos veces consecutivas al mismo truco a la misma audiencia, había una probabilidad mayor de identificar el método que empleaba el mago para realizar el truco. De hecho, la mayoría de las demostraciones de ceguera inatencional sólo tienen efecto la primera vez. La mayoría de los observadores suelen ver al insecto del vídeo del apunte anterior la segunda vez que lo ven (sin que nadie les haya dicho que tenía que aparecer, claro).

Pero además los trucos de magia pueden servir para estudiar los procesos de atención e incluso la conciencia. Un ejemplo de ello es un trabajo de Johansson y cols. de 2005 donde se mostraban a cada voluntario dos fotografías en las que figuraba un rostro. Se tapaban las fotografías y el voluntario decía cuál de los dos le parecía más atractivo. Los experimentadores aprendieron a cambiar las fotografías de lugar haciendo un simple truco de magia. A continuación les mostraban la fotografía que supuestamente habían elegido (pero que ahora era la otra) y les pedían a los voluntarios que explicasen por qué habían elegido esa fotografía. Sorprendentemente, sólo el 26% de los sujetos captó el truco, pero más interesante aún, cuando los sujetos tenían que explicar por qué habían elegido esa fotografía inventaron razones para justificar su elección, que realmente era la opuesta a la que se les mostraba. Los autores llamaron a este fenómeno ceguera a la elección.

Y esto se acabó. Os dejo un vídeo en el que vemos cambios de traje por doquier en la versión americana del Factor X. Disfrutadlo..

Artículo escrito por Brainy y publicado en El Cerebro de Darwin , reproducido aquí con el permiso del autor.

Un buen motivo para estudiar física con ganas y cariño
¡Peligro en la discoteca!