Entrada publicada en psicoteca y que hace referencia principalmente al mundo de la psicología.
Es natural que se indignen ante tan desafortunado titular, pero dejen que me explique y hagan ejercicio de reflexión todos los que se sienten ofendidos, pues la intención del titular no es ofender sino causar la reflexión. Impactar en el lector. Así que de entrada les pido disculpas si se sienten ofendidos, pueden dejar de leer cuando gusten. Y es que si no les gusta el titular, esperen a leer el texto completo…
Hay un montón de gente que adivina el futuro, otros curan cosas raras con remedios que se parecen más a la magia que a la ciencia. Tenemos por ejemplo psicólogos que tratan cualquier problema psicológico con píldoras de azúcar. Sí, hablo de homeopatía cómo no. Pero quien dice homeopatía dice otras muchas cosas. El mundo está lleno de clínicos pseudocientíficos, muchos de ellos convencidos de que sus intervenciones funcionan.
Y es que la visión de un clínico es sesgada, empezando por la muestra de pacientes. ¿O no son personas con problemas? No es raro que un tal Freud propusiera una teoría llena de errores. Su objeto de estudio no era el ser humano, sino la gente que tenía problemas. De una muestra tan sesgada no se puede extraer una teoría sobre el comportamiento y pretender que sea aplicable a toda la humanidad.
La experiencia puede llevar a distorsionar la realidad hasta límites insospechados y llevarnos a estar convencidos de cosas imposibles de creer. Por tanto, ¡cuidado con la experiencia clínica!
Por otra parte en un libro que hace no mucho recomendé por aquí, el de “50 grandes mitos de la psicología popular”, en la página 323 aparece un mito muy interesante de leer, donde se aportan datos que nos hacen pensar que el juicio de un clínico con experiencia no vale demasiado, siendo igual de eficaces o incluso mejores los procedimientos mecánicos, como por ejemplo una ecuación estadística o una tabla actuarial (tablas con valores estadísticos predictivos, como las que usan en los seguros). Hay más de 130 estudios por lo visto, y con buenos diseños que muestran que el juicio de un experto es igual o peor que los procedimientos mecánicos de toma de decisiones sobre un paciente.
Y no solamente en la clínica, los resultados son aplicables al mundo laboral, escolar o militar. ¿Creíste que eras un entrevistador genial y enseguida calabas a la gente?, pues la entrevista suele ser una herramienta con propiedades psicométricas bastante pobres amigo mío, con un test de inteligencia que puedes pasar en 10 minutos conseguirías mucho más poder predictivo. ¿Sorprendido? Seguramente no te guste lo que lees, pero o yo he leído la información equivocada o así son las cosas.
Y lo peor o lo mejor según se mire es que en muchos sitios no se trabaja bien. La parte mala es que no es justo para el candidato, la parte buena que si eres un buen psicólogo casi no tienes competencia laboral. Claro que…¿quién distingue al buen psicólogo del malo si no son los de selección? Si te necesitan seguramente no sepan distinguirte del grafólogo que aplica su disciplina para seleccionar dependientas en el supermercado “X”. Por cierto, también pasa lo mismo con los diagnósticos médicos, parece ser (y otras muchas cuestiones, el poder de os datos estadísticos supongo). Y es que los métodos mecánicos se sirven de la “experiencia de la investigación”, que puede estar basada en 1000 casos, 10.000, o los que sean, y cuyas condiciones han sido más controladas. La decisión clínica se basa en la experiencia de un solo profesional, que suele estar sesgada. Además mientras que las predicciones mecánicas son completamente coherentes, las clínicas no lo son. Los diferentes clínicos expertos no se ponen de acuerdo.
Los clínicos dicen que cada persona es un mundo y las generalidades difícilmente son aplicables dadas las peculiaridades de cada uno. Podría ser, pero hay evidencias de que los clínicos tienden a ver demasiadas peculiaridades. No somos tan diferentes unos de otros en muchos aspectos y cuando hay patrones que se repiten en una mayoría jugamos con las probabilidades a favor si nos servimos de los datos. Así de simple.
Pero y si tenemos los datos, ¿ayudará el juicio clínico a mejorar la predicción? ¿Alguna vez os ha venido un psicólogo veterano y os ha dicho que el resultado no hay que tomarlo aislado sino que la decisión es a criterio clínico con toda la información disponible? Se podría pensar que tiene razón, y que nuestro compañero más experimentado tiene “las claves del universo” gracias a su experiencia y su buen hacer, pero la pega es que el juicio clínico puede perfectamente entrar en contradicción con el mecánico y entonces, ¿a cuál hacer caso?
Por si esto no fuera suficiente, la eficacia de un terapeuta no aumenta con su experiencia en la clínica. La relación entre años de práctica y la eficacia es muy pequeña o inexistente.
Por otra parte, como hacían ver expertos en selección de personal, la información no importante puede distorsionar nuestro juicio. Y es que desde el mundo laboral hay autores que nos hacen reflexionar en la misma dirección que en la clínica.
Si tengo una prueba grafológica, el test de las manchas, una entrevista personal, y las notas del candidato en la universidad (y la foto en el CV, que no se nos olvide, fuente inagotable de sesgos injustificados), un buen técnico en selección se da cuenta de que el dato que tiene poder predictivo son sus calificaciones. Alguien con una media de MH probablemente rendirá mejor que alguien con una media de 5 y que ha tardado 8 años en acabar la carrera. La pega que puede tener la calificación es que las diferentes instituciones pueden tener diferente grado de exigencia y pueden existir dificultades de comparación, pero desde luego que la nota es mucho más predictiva que las otras juntas. Cuánto dinero se ahorrarían muchas empresas si supieran un poco de selección de personal o contratasen a alguien competente, ¿verdad?
Volviendo a lo de antes, en este proceso parece que tenemos una cantidad de información formidable para tomar una estupenda decisión, pero realmente solamente tenemos un dato: la nota. Y tomar la decisión con ese dato será mucho mejor que tomarla con el resto, porque lo demás lo único que va a hacer es desinformarnos. La entrevista dependiendo de cómo fuese podría aportar algo. El resto difícilmente. De hecho es lo que cuenta para las becas de doctorado, la nota y una entrevista.
En fin, hasta aquí mi reflexión. Puedo estar equivocado en lo que digo, pero las críticas nos pueden servir para pensar. A quien no le valga que la deje. Al que le sirva para mejorar que no me haga caso a mí, que se documente y si ha servido este texto para alguien, objetivo cumplido. La conclusión, ¡cuidado con fiarnos de los expertos! Yo me fiaría más de los datos empíricos y de una buena teoría. Son los datos y una buena teoría de fondo los que diferencian al chamán del médico.
Fuente: “50 grandes mitos de la psicología popular: las ideas falsas más comunes sobre la conducta humana” ISBN 978-84-92616-53-4.
Es natural que se indignen ante tan desafortunado titular, pero dejen que me explique y hagan ejercicio de reflexión todos los que se sienten ofendidos, pues la intención del titular no es ofender sino causar la reflexión. Impactar en el lector. Así que de entrada les pido disculpas si se sienten ofendidos, pueden dejar de leer cuando gusten. Y es que si no les gusta el titular, esperen a leer el texto completo…
Hay un montón de gente que adivina el futuro, otros curan cosas raras con remedios que se parecen más a la magia que a la ciencia. Tenemos por ejemplo psicólogos que tratan cualquier problema psicológico con píldoras de azúcar. Sí, hablo de homeopatía cómo no. Pero quien dice homeopatía dice otras muchas cosas. El mundo está lleno de clínicos pseudocientíficos, muchos de ellos convencidos de que sus intervenciones funcionan.
Y es que la visión de un clínico es sesgada, empezando por la muestra de pacientes. ¿O no son personas con problemas? No es raro que un tal Freud propusiera una teoría llena de errores. Su objeto de estudio no era el ser humano, sino la gente que tenía problemas. De una muestra tan sesgada no se puede extraer una teoría sobre el comportamiento y pretender que sea aplicable a toda la humanidad.
La experiencia puede llevar a distorsionar la realidad hasta límites insospechados y llevarnos a estar convencidos de cosas imposibles de creer. Por tanto, ¡cuidado con la experiencia clínica!
Por otra parte en un libro que hace no mucho recomendé por aquí, el de “50 grandes mitos de la psicología popular”, en la página 323 aparece un mito muy interesante de leer, donde se aportan datos que nos hacen pensar que el juicio de un clínico con experiencia no vale demasiado, siendo igual de eficaces o incluso mejores los procedimientos mecánicos, como por ejemplo una ecuación estadística o una tabla actuarial (tablas con valores estadísticos predictivos, como las que usan en los seguros). Hay más de 130 estudios por lo visto, y con buenos diseños que muestran que el juicio de un experto es igual o peor que los procedimientos mecánicos de toma de decisiones sobre un paciente.
Y no solamente en la clínica, los resultados son aplicables al mundo laboral, escolar o militar. ¿Creíste que eras un entrevistador genial y enseguida calabas a la gente?, pues la entrevista suele ser una herramienta con propiedades psicométricas bastante pobres amigo mío, con un test de inteligencia que puedes pasar en 10 minutos conseguirías mucho más poder predictivo. ¿Sorprendido? Seguramente no te guste lo que lees, pero o yo he leído la información equivocada o así son las cosas.
Y lo peor o lo mejor según se mire es que en muchos sitios no se trabaja bien. La parte mala es que no es justo para el candidato, la parte buena que si eres un buen psicólogo casi no tienes competencia laboral. Claro que…¿quién distingue al buen psicólogo del malo si no son los de selección? Si te necesitan seguramente no sepan distinguirte del grafólogo que aplica su disciplina para seleccionar dependientas en el supermercado “X”. Por cierto, también pasa lo mismo con los diagnósticos médicos, parece ser (y otras muchas cuestiones, el poder de os datos estadísticos supongo). Y es que los métodos mecánicos se sirven de la “experiencia de la investigación”, que puede estar basada en 1000 casos, 10.000, o los que sean, y cuyas condiciones han sido más controladas. La decisión clínica se basa en la experiencia de un solo profesional, que suele estar sesgada. Además mientras que las predicciones mecánicas son completamente coherentes, las clínicas no lo son. Los diferentes clínicos expertos no se ponen de acuerdo.
Los clínicos dicen que cada persona es un mundo y las generalidades difícilmente son aplicables dadas las peculiaridades de cada uno. Podría ser, pero hay evidencias de que los clínicos tienden a ver demasiadas peculiaridades. No somos tan diferentes unos de otros en muchos aspectos y cuando hay patrones que se repiten en una mayoría jugamos con las probabilidades a favor si nos servimos de los datos. Así de simple.
Pero y si tenemos los datos, ¿ayudará el juicio clínico a mejorar la predicción? ¿Alguna vez os ha venido un psicólogo veterano y os ha dicho que el resultado no hay que tomarlo aislado sino que la decisión es a criterio clínico con toda la información disponible? Se podría pensar que tiene razón, y que nuestro compañero más experimentado tiene “las claves del universo” gracias a su experiencia y su buen hacer, pero la pega es que el juicio clínico puede perfectamente entrar en contradicción con el mecánico y entonces, ¿a cuál hacer caso?
Por si esto no fuera suficiente, la eficacia de un terapeuta no aumenta con su experiencia en la clínica. La relación entre años de práctica y la eficacia es muy pequeña o inexistente.
Por otra parte, como hacían ver expertos en selección de personal, la información no importante puede distorsionar nuestro juicio. Y es que desde el mundo laboral hay autores que nos hacen reflexionar en la misma dirección que en la clínica.
Si tengo una prueba grafológica, el test de las manchas, una entrevista personal, y las notas del candidato en la universidad (y la foto en el CV, que no se nos olvide, fuente inagotable de sesgos injustificados), un buen técnico en selección se da cuenta de que el dato que tiene poder predictivo son sus calificaciones. Alguien con una media de MH probablemente rendirá mejor que alguien con una media de 5 y que ha tardado 8 años en acabar la carrera. La pega que puede tener la calificación es que las diferentes instituciones pueden tener diferente grado de exigencia y pueden existir dificultades de comparación, pero desde luego que la nota es mucho más predictiva que las otras juntas. Cuánto dinero se ahorrarían muchas empresas si supieran un poco de selección de personal o contratasen a alguien competente, ¿verdad?
Volviendo a lo de antes, en este proceso parece que tenemos una cantidad de información formidable para tomar una estupenda decisión, pero realmente solamente tenemos un dato: la nota. Y tomar la decisión con ese dato será mucho mejor que tomarla con el resto, porque lo demás lo único que va a hacer es desinformarnos. La entrevista dependiendo de cómo fuese podría aportar algo. El resto difícilmente. De hecho es lo que cuenta para las becas de doctorado, la nota y una entrevista.
En fin, hasta aquí mi reflexión. Puedo estar equivocado en lo que digo, pero las críticas nos pueden servir para pensar. A quien no le valga que la deje. Al que le sirva para mejorar que no me haga caso a mí, que se documente y si ha servido este texto para alguien, objetivo cumplido. La conclusión, ¡cuidado con fiarnos de los expertos! Yo me fiaría más de los datos empíricos y de una buena teoría. Son los datos y una buena teoría de fondo los que diferencian al chamán del médico.
Fuente: “50 grandes mitos de la psicología popular: las ideas falsas más comunes sobre la conducta humana” ISBN 978-84-92616-53-4.
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